Según los empresarios de máquinas recreativas, son las tragaperras las que están generando las ganancias que significan la salvación para muchos establecimientos hosteleros, que, de no tenerlas, tendrían que cerrar.
Según el presidente de Asemar, Jesus Ayensa “las máquinas de tipo B siempre han sido un aliciente más para quienes entran a un bar a tomar algo o a esperar a alguien. Su eliminación de los establecimientos hosteleros supondría un descalabro para un sector que ya comienza a sufrir los rigores de la crisis económica».
Con respecto a la apertura de nuevos salones de juego en La Rioja, Ayensa es cauteloso en sus expresiones. No quiere debatir el tema de las nuevas aperturas ni las renovaciones de muchos locales existentes, aunque apunta que la venta de muchos locales a grandes empresas o cadenas de juego no es buena, ya que podría generarse un monopolio del juego.
Ayensa cree que las tragaperras que funcionan en bares y establecimientos hosteleros son las que más alejadas del riesgo de provocar adicción: los jugadores adictos prefieren lugares menos públicos, dice. Y los grandes jugadores asisten a salas de bingo o de juegos donde los premios son realmente importantes: se pueden ganar hasta 1000 euros, mientras que en las tragaperras de los bares lo máximo son 240.
Las tragaperras ubicadas en los bares sirven simplemente como entretenimiento adicional para quienes acuden a tomar un trago.





