A las 7 salas de juegos que ya había en Logroño, se han sumado 6 más desde el año 2007, con autorización del Ayuntamiento. A estos 13 se suman otros locales establecidos en La Rioja, llegando a 20 en total.
Estos lugares ya no son ninguna novedad porque hace tiempo que comenzaron a instalarse, pero en la actualidad son claramente más llamativos, ya que empezaron a incluir elementos como imágenes vistosas en el exterior, que llamen la atención de las personas, o grandes rótulos.
Dentro de la legislación, hay dos tipos de locales que están autorizados. Uno es el tipo de salón recreativo que, en el presente, prácticamente ha desaparecido. El otro salón, es el salón de juegos, donde hay máquinas tragaperras, futbolines, pin ball, billares, etc. Y donde el acceso es restringido para los menores de edad.
Esta última consigna, ha dicho el gerente de 'Sport Club Rioja, S.L.', Luis Cereceda, es un tanto contradictoria, ya que según él: «Un chaval que quiera jugar al futbolín en nuestros establecimientos debe tener 18 años, pero un menor puede acceder acompañado a un bar donde hay máquinas con premio y, además, se dispensan bebidas alcohólicas. Me parece un anacronismo».
El primer local de tragaperras que se abrió en Logroño, fue instalado en 1967 por el 'Sport Club Rioja'. Según el gerente, en los cuatro últimos años ha habido un notable crecimiento en la cantidad de salones exclusivamente de juegos, cuyas tragamonedas pueden dar un premio máximo de 1000 euros con una apuesta mínima de 1 euro.
Cereceda explica además que la carga impositiva sobre las tragamonedas es realmente importante, ya que se pagan más de 3700 euros por año, por máquina. Si a esto se le suma el mantenimiento de los locales, los sueldos y cargas sociales de los empleados, para las pequeñas empresas es muy difícil mantener los locales abiertos y competir con las grandes empresas, que son las que poseen la mayoría de los locales de tragaperras.
Incluso este tipo de locales pequeños, controlado por una especie de “policía del juego”, que revisa periódicamente las instalaciones, tienen limitaciones en cuanto a la cantidad de máquinas que pueden instalar por local y la cantidad de clientes que pueden recibir.
Para la economía, este sector es una muy buena fuente de ingresos. Mucha gente tiene cierto prejuicio y rechazo sobre este ambiente, pero no saben que las ganancias que le dejan a la región los juegos de azar, ayudan a mejorar y mantener, por ejemplo, escuelas y hospitales. Los ingresos anuales del fisco por unas 2000 tragaperras tipo B superan los 7 millones de euros.
Cereda opina que en tiempos de crisis la gente juega más, pero en juegos como la lotería, la ONCE y la quiniela, que, además, pueden hacer publicidad, mientras los establecimientos de tragaperras no lo tienen permitido.
También los bingos pasan por un momento difícil y tratan de mantener sus clientes, mejorando los locales e introduciendo nuevas variantes de juego. Por ejemplo, las recreativas de bingo, en las que se puede jugar por 0,50, 0,20 y 0,10 euros, y que la Asociación de Empresas de Bingo espera que se puedan instalar pronto en los salones de juego.





