Mucha gente cree que los hechos que suceden en la vida siempre son una relación de causa y efecto, y que el azar no existe. Sin embargo, hay muchas historias que podrían demostrar lo contrario.
Por ejemplo, lo que sucedió a una camarera de un bar, en el que funcionaba una máquina tragamonedas.
Habiendo terminado de servir una mesa, cuando pasaba junto a la tragamonedas la camarera vio una moneda en el suelo. La recogió, y, sin pensarlo demasiado, la puso en la máquina y tiró de la palanca.
Para su sorpresa, y la de todos los que se hallaban presentes, ganó un premio mayor, de 30.000 euros, con el que pudo iniciar su propio negocio.





